La violencia que no cesaPaloma Arroyo, Gerente de COCETA (16/01/2008)
Hasta el pasado noviembre, las mujeres fallecidas por violencia de género alcanzaban la cifra de 68, el mismo número que en 2006, diez más que en 2005. Estas cifras, además del drama personal que conllevan, permiten apreciar que estamos ante un suceso que, lejos de atenuarse, sigue evolucionando, a pesar de la adopción de medidas como normas específicas.
Están próximos a cumplirse los tres años de la entrada en vigor de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, a la que se dio el máximo rango jurídico (ley orgánica) con la finalidad de generar medidas e instrumentos que incidan en la disminución de la violencia de género. Ya conocemos por las cifras citadas que la finalidad perseguida dista de lograrse. Algo falla. El Catálogo de Medidas Urgentes contra la violencia de género y el Plan Nacional de Sensibilización y Prevención de la Violencia de Género 2007-2008 han resultado insuficientes. Faltan por desarrollar medidas incluidas en la ley, pero no vale de disculpa. Estamos ante una situación de gravedad social. Hay que dotar de medios tanto humanos como materiales a los profesionales, organismos y diferentes administraciones públicas que han de hacer cumplir la ley. Esto aún no se ha producido.
No se puede olvidar que es en el interior del hogar en el que se producen gran parte de las agresiones con resultado de muerte. Y ahí es difícil actuar. Para ello hay que iniciar y poner en marcha ya una campaña de educación que abarque desde la edad más temprana a los diferentes estamentos del sistema educativo de España, y que con ello se impregne a la sociedad del respeto a la persona. Estamos ante una moral difusa. Por un lado, condenamos y lamentamos las víctimas que se están produciendo y, por otro, asistimos, prácticamente a diario, a actuaciones de la sociedad que refrendan comportamientos discriminatorios. Pero, ¿dónde queda la sensibilización de la sociedad?, ¿dónde está la demostración real de la igualdad?, ¿dónde salarios iguales a igual trabajo?, ¿dónde el reparto de tareas domésticas?, ¿dónde la transformación de creencias religiosas que mantienen la hegemonía del hombre sobre la mujer? ¿Tan difícil resulta comprender, creer y sentir que el hombre y la mujer son iguales?
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